Una cuadrícula de figuras geométricas a la manera del tocapu. Ilustración.
Tocapu, el dibujo como lenguaje
En las túnicas incas más finas la tela está cubierta de cuadrados pequeños, cada uno con una figura geométrica, y no hay dos filas que se repitan. Son los tocapu. Si eran una escritura, una heráldica o un registro, todavía se discute. Lo que no se discute es que en los Andes el dibujo nunca fue decoración. Decía algo. Intentamos tenerlo presente antes de cortar.
Los cuadrados
Un tocapu es un cuadrado, del ancho de una mano o menos, lleno con una figura: un rombo escalonado, un zigzag, un damero, una cruz, una llave. En una túnica real puede haber cientos, en filas, y la secuencia es deliberada. El ejemplo más famoso que sobrevive, una túnica hoy en Washington, lleva más de trescientos y casi ninguno es igual a otro. Tejer uno requería un especialista, y los más finos se hacían solo para el gobernante.
¿Era escritura?
Nadie lo sabe con certeza. Algunos estudiosos leen los tocapu como un sistema de signos con significados fijos, una especie de escritura en tela que los incas usaban junto al khipu de cuerdas anudadas. Otros los leen como emblemas de linaje, provincia o cargo, más cerca de la heráldica. En lo que coinciden ambas lecturas es en que las figuras no se elegían por su aspecto. Significaban, y quienes podían leerlas sabían qué.
El dibujo en el aguayo de hoy
El tocapu pertenecía a la tela real, no a la de cada día. Pero la misma idea recorre hoy el aguayo: el orden de las rayas nombra a una comunidad, las bandas con figuras son la firma de quien teje, y un dibujo puede decirle a alguien del valle vecino de dónde eres. Esa es la tela que cortamos. Ya está hablando antes de que la toquemos.
Cortar con respeto
Por eso no redibujamos el dibujo, no lo simplificamos ni imprimimos una imitación sobre tela lisa. Recortamos tela real y decimos de dónde viene. Lee en lo que nos apoyamos, mira las familias de tejido, y observa el tejido de rombos de la Urubamba, lo más parecido a un tocapu que hacemos.
